05/24/2006

LA HISTORIA DE LA PRINCESA CISNE Y LA CORONA DE PLATA

Dedicado a mi princesa, Marissa. 
 
En un país muy lejano había un bosque lleno de flores y árboles gigantes cargados de frutos y flores de todos colores. Los cielos azul y rosa era bañados por miles de aves que cantaban al alba y al atardecer su alegría por vivir ahi. Los pastos y los campos estaban habitados por animales mágicos y hermosos. Las aguas tenían a sus peces dorados y a los cantos de las sirenas, porque el bosque estaba también cerca del mar.

Una mañana todo el bosque se puso contento y las flores parecían brillar con sus colores y olores. Las aves cantaron un canto más dulce y alegre, mucho más alegre que nunca. Las sirenas acompañaron a las aves con sus voces y los peces chapoteaban saltando de alegría. Los ciervos y los unicornios corrieron a la par por todo el bosque porque en el centro del mismo se levantaba un gran castillo blanco.

Esa mañana dentro del castillo había llegado un regalo tan hermoso como la Luna y el Sol. Dentro del castillo estaba la reina en su apocento real. Rodeada de lirios y mariposas, la reina sonreía porque en sus brazos estaba su mayor alegría: Una niña recién nacida que tenía ojos de ébano y cabellos de noche con su tez tan linda como la mañana y su sonrisa tan hermosa como el sol sobre el mar.

La nueva princesa se llamó Marissa, como el mar que alegraba a la reina y como la risa que era su mejor canción. La princesa vivió entre magos y hechiceros, brujas y duendes que eran sus familiares y a los que amó con todo su corazón. Vivió entre música y canto, arte y su pasión: la danza.

Tan famosa fue que de todos los reinos venían a verla danzar bajo la luna con las aves y bajo el sol con sus compañeras. Su danza era como magia en movimiento y cuando ella bailaba toda su alegría y energía se ponía en movimiento, era como el mismo cosmos que bailaba alegre y sonriente.

Una noche, la princesa bajó al claro del bosque y con la Luna llena vio llegar desde lejos, muy lejos, unas aves que no conocía. Y las aves llegaron volando y volando se posaron sobre el lago del bosque que parecía un espejo de plata. Ahi las aves nadaron y su nado fue como una danza que la princesa Marissa amó desde ese día.

"¿Quiénes son?,¿cómo se llaman? - preguntó la princesa y las aves en coro respondieron "Somos quienes te trajeron con tu madre, la Reina. Somos aquellos que inspiran tus danzas y bailes, somos las doncellas cisnes y traemos un regalo para ti."

A sus pies las aves posaron un cofre de oro y plata labrado con historias de danza, baile y ballet. La princesa Marissa tomó el cofre y al abrirlo descubrió una corona de plata y diamantes. "Gracias" dijo y sonrió y los cisnes felices bailaron sobre el lago. La princesa tomó la corono y la puso sobre sus cabellos y sintió que su cuerpo se elevaba y flotaba. Entonces la princesa bailó entre los cisnes sobre el lago, porque la corona le había dado el don de la pluma, de ser tan ligera como los cisnes blancos y poder asi todos juntos bailar sobre el lago.

Y asi la princesa cisne creo un gran baile y un ballet al que todos los seres mágicos y no mágicos fueron invitados y que todos amaron, porque el baile era la alegría de la Reina y la Princesa juntas.

EL APRENDIZ DE MAGO

Dedicado a mi primo, Alex, compañero de magia y fantasía.

 

Había una vez un reino oscuro, donde la noche reinaba y la oscuridad era el color de las vestiduras de reyes y plebeyos. En este reino negro había un rey que era duro como la piedra pero honesto y bueno. Junto al rey estaba la gran Reina que era también la sacerditosa del reino y guía de las mujeres.

El rey y la reina tenía una hija que era hermosa como la mañana y la noche. Ella era sabia y también una guerrera. La princesa pasaba la mayoría de su tiempo recorriendo el reino en aventuras propias.

Una noche más oscura que ninguna llegó el tiempo en que la reina daría a luz un hijo y esa noche el castillo del rey recibió un visitante en secreto. El visitante cubierto en ropas extrañas al reino entró a palacio envuelto en misterio y así se fue. La reina, tras ser visitada por él, dio a luz a un hermoso y fuerte príncipe.

El reino entero se alegró porque el nacimiento fue como un recordatorio del brillo del amanecer y la luz del sol. El príncipe creció en cuerpo y mente y se convirtió en un ser de cuerpo fuerte y mente brillante. Cuando una noche, el príncipe se encontraba de cacería en los bosques del reino, se separó del resto de su compañía porque vio a lo lejos brillar una luz tan blanca como la luz de plata de la Luna creciente. Siguiendo la extraña luz, el príncipe encontró que el poseedor de tal luz era el mítico unicornio. El unicornio había guiado al príncipe, que se llamaba Alexandro, a una torre inmensa en el centro del bosque. La torre era blanca como la plata y la perla. El viento silbó y envolvió al príncipe mientras las estrellas brillaron sobre ellos. El unicornio guió con su cuerno al príncipe para que entre a la torre y así lo hizo. Alexandro, vestido de negro y ébano, entró a la gran torre blanca.

Al entrar a la torre, el príncipe se maravilló por los libros, artefactos, flores y hierbas que cubrían las paredes y los muebles. Por aquí y por ahí había halcones y águilas en sus troncos, así como búhos que lo veían desde las alturas de las paredes. La luz en el interior de la torre era poca y solamente la luz de la luna iluminaba las escaleras de caracol. Tímido pero seguro, Alexandro subió las escaleras y escalinatas hasta llegar hasta la cumbre de la torre. Mientras recorría la torre, Alexandro vio bestias salvajes durmiendo como mascotas, mapas antiguos e incienso que llenaba el aire de olores maravillosos. Una vez que llegó al final de la escalera de caracol, el príncipe se encontró ante una puerta de roble con piedras preciosas engarzadas en oro y plata.

"¡Adelante!" dijo una voz profunda y sonora. Alexandro abrió la puerta y al entrar vio mil maravillas. Artefactos de oro median el tiempo y las estrellas, aves del paraíso y un león estaban ahí, así como un anciano.

"Bienvenido" dijo el anciano, quien era como un gran árbol, fuerte y maduro, viejo pero no débil. Sus barbas blancas resplandecían con la luz de la luna y sus ropas y vestidos eran del color de la plata y las arenas blancas junto al mar. El viento recorría la torre y cantaba dándole la bienvenida al príncipe.


"He aquí tu herencia y tu destino" mencionó el anciano. "Si te preguntas quién soy, escuchad a tu corazón y sabrás la respuesta" dijo al ver que Alexandro enmudecía de sorpresa. "Eres mi familia" dijo el príncipe y el anciano sonrió. "Así es y hoy comienzas aquí tu entrenamiento y aprendizaje final. Tus padres han alimentado tu cuerpo y la caza y el deporte han alimentado a tu cuerpo. Pero yo estoy aquí hoy, de todas las noches la mejor, para alimentar a tu alma y a tu corazón. Descubrirás los enigmas de la mente y el poder de tus manos. Yo seré tu instructor y tú serás quien haga las maravillas del Único ahí arriba en las estrellas."

Alexandro, el príncipe negro asintió y de rodillas dijo "He aquí a tu siervo y aprendiz" "De pie, que esta noche, de la oscuridad más profunda saldrá la luz y la verdad, el poder de curar y mi héroe" dijo el anciano, que era un mago.

Y así, durante el transcurso de la noche plutónica, Alexandro y el mago, que era su abuelo, se conocieron más y fue como Alexandro recibió el manto blanco y el conocimiento de la magia y el poder de sus manos. Desde entonces, Alexandro el príncipe blanco hizo que el antiguo reino de oscuridad y negrura cambie a un reino de luz, de paz y de alegría.